Archive | May, 2012

Mañaneando

17 May

Se despertó temprano en la mañana con el sabor amargo de quien no puede disfrutar eso que antes degustaba con locura. No entendía qué estaba pasando dentro de su ser, pero estaba seguro de no sentirse el mismo de antes.

Una laguna mental invadía su cabeza a un ritmo acelerado que lo llevaría a explotar en cualquier momento. Entonces se encontró con la silla mecedora y se sentó.

El vidrio que daba a la cocina reflejó así,  una mirada ausente, típica de una soledad aburrida que contempla el horizonte en una nebulosa que dormita el pensamiento en esas ganas de por unos minutos no pensar en nada, relajar el cerebro y dejarse llevar.

Y no es que estuviera de mal humor, simplemente le costaba abrir los ojos que viven en un eterno cansancio. El cantar de los pájaros lo relajaba a tal punto de querer volverse a dormir, pensando en que las horas pasan más rápido cuando él sueña. Pero no, de adentro venía ese chirrido característico de la pava que le recordaba que un nuevo día estaba asomando. Porque pese a todas las conocidas reglas de cómo preparar uno bueno, bien gaucho, le gustaba hacer hervir el agua.

Si los demás supieran lo que ese preciso momento significa para él…

El placer consiste en experimentar el contacto con la naturaleza,  uno mismo y su tranquilidad mañanera, todavía desconcertante. Necesidad de quietud; la soledad abruma con un silencio que seduce. Hay paz.

Una paz que no entiende de motivos, tampoco de racionalidades. Porque en el momento en que se piensa, termina la calma y empieza a llover, como del otro lado le ocurre a ella, quien se inunda en su propio mar desolado.

Tendencia a buscar con quién compartir semejante momento oportuno, se abstiene de pasar esos minutos con alguien que pueda interrumpir la tranquilidad del recién levantado.

Es que de todas las cosas, el mate es lejos, su mejor compañero.

Distinto hubiese sido todo si se encontrara en otro espacio y tiempo, donde fuera, pero con ella. Ella, tan distante. Ella, la que se paseaba dejando rastros con la yerba derramada.

Vuelca el agua en esa taza improvisada con su yerba verdosa, cuidadosamente procura no chorrear. Y sin perder de vista el horizonte contemplado, de forma mecanizada la lleva a su boca para dar ese primer sorbo que lo obliga a hacer un gesto que supone ser de desagrado. Muy fuerte.

Porque el primer mate no se escupe, sino que se saborea lentamente para poder asimilar tanta amargura acumulada en tan reducido espacio y poder así después, llevar los próximos a la ligera. Y uno tras otro, tras otro, tras otro, y así reiteradas veces, va siendo absorbido en una bombilla que pocas veces se tapa.

¿Qué sería de sus mañanas de no existir su querida infusión mística?, ¿En qué momento del día se dedicaría a reflexionar si no es en ese desayuno mañanero? Sorbo amargo, pensativo compañero, llama a la inspiración y te traslada a un viaje cuasireligioso, a raíces ya corroídas por una sociedad que cree ser más civilizada, con un pie allá, otro acá, y que sin embargo recae en él, único sobreviviente de una cultura más que pisoteada.

Solía ocurrirle este tipo de cosas. De pasar de pensar en temas que consideraba ser profundos, a debatirse el porqué del mate lavado, todo en cuestión de segundos.

Y en ese acto recaía el poder de su masmeduliano compañero, quien penetraba en cada átomo de su ser con la misma facilidad con la que el viento sopla su canto.

Lo aleja por un momento de su mano, lo abandona sobre la mesa para poderlo contemplar. Reflexiona. Lagrimea y busca entender el funcionamiento de su cuerpo. Algo le remueve por dentro, y el agua al mismo tiempo que lo llena, le deja un vacío inexplicable. Más adelante entenderá el por qué de las cosas, pero por ahora se llama al silencio y disfruta su paz.

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La taza de té reposaba en la mesa como quien se para en el centro de un lugar porque va a emitir un discurso. La taza de té permanecía inmóvil, protagonista del encuentro, siendo testigo de una historia que no es de amor, sino de las inexperiencias que imposibilitan a éste su posible existir.

Ella quietamente se balancea en la silla mecedora que la acompaña en sus lecturas, y que a veces, la encuentra dormida. El ruido de los pájaros es incesante al igual que la leve ráfaga de viento que suavemente golpea su cara.

Le gusta desafiar al destino y por eso deposita el recipiente sobre el apoyabrazos de su columpio sofisticado, que lo aproxima al precipicio. Si se cae, es porque estaba destinado a hacerlo, no porque ella lo buscó.

 La acerca a su boca y da un sorbo. De pronto se siente viva, se es viva. Siente que le devuelven el aire que poco tiempo antes había perdido en su angustia amorosa.  ¿Pero quiénes le devuelven? La naturaleza en armonía con el aromático té de vainilla. Y por un momento hace a un lado sus preocupaciones superficiales, y se adueña de los pequeños placeres de la vida, esos que la llenan de felicidad.

Le invade la calma que antecede la tormenta pero por primera vez en mucho tiempo decide no precipitarse, y se dispone a disfrutar ese momento de plena tranquilidad; todo a su justo tiempo, decían por ahí.

Y por ahí es su propia conciencia que sabía muy bien desde un principio cómo iban a ser las cosas, pero que no pudo con las advertencias que su corazón se empeñó en negarle. Porque más allá de conocer a la perfección el desencadenamiento de los futuros hechos, nunca hizo nada por evitar los reiterados colapsos.

 Si tan sólo pudiera expulsar el animal que hay dentro suyo…si tan sólo pudiera ser ese pedazo de raciocinio característico de su especie, qué fácil resultarían las cosas, pero cómo se complican en el momento que una se deja llevar.

Y no es que quiera traicionar a su intelecto, se puede ser inteligente aun cometiendo los errores del corazón. Y sin pensarlo, sin siquiera verlo venir, empieza a maquinar.  Y así se hunde en un viaje sin retorno.

La calma es expulsada lentamente del ambiente y finalmente de este lado, empieza a llover.

Ella no entiende, él tampoco, pero ese desentendimiento los une en más de una forma. Aunque todavía no lo saben. 

De este modo dio el último sorbo, respiró de forma profunda y se levantó de su lugar para comenzar finalmente un nuevo día. Su día.

Un toque de melancolía

15 May

“…Habían decidido ir en contra de la marea y estamparse la cabeza en la pared con tal de mantener intacto eso que llamaban amor. Porque pese a todas las contraindicaciones que recibían del afuera, creían estar haciendo lo correcto; y por un tiempo así había sido.
Pasaron épocas en las que no había necesidad de buscarse para encontrarse porque ambos estaban ahí, uno a la par del otro, en una maximización de detalles que hacían del mundo algo perfecto. Pero como siempre dicen, lo que alguna vez fue, ya no lo es: ahora sus almas se buscan y no se encuentran. Se piden a gritos y al rato se despiden una y otra vez. Ir a destiempo pasó a ser su principal característica.
Y en la soledad contemplativa las palabras fluyen tratando de rearmar un rompecabezas infinito. Las relaciones terminan con la pureza del amor, piensa.
Yo, en cambio, me pregunto cuándo va a dejar de doler tu ausencia, al mismo tiempo que digiero un sorbo de ese mate tan amargo y me dispongo a escribir…”

un fragmento encontrado por ahí

ADIOS A UN GRANDE

15 May


Dos horas antes de que empezara la conferencia del escritor mexicano Carlos Fuentes el 1 de mayo en la Feria del Libro, la gente ya estaba formada en las afueras de la Sala José Hernández para asegurarse su lugar en las ochocientas sillas disponibles adentro. Poco importaba que el referente del boom latinoamericano se presentara en la sala más grande de la Rural; nadie quería arriesgarse a quedar afuera del evento más esperado de la tarde.

En la fila se podía ver personas de todas las edades y nacionalidades, símbolo de la trascendencia de su obra.

– Semejante personalidad había que verla. No leí mucho de él pero sé que no voy a tener muchas oportunidades de escucharlo”-expresó Juana, una mujer jubilada mientras esperaba ingresar.

– Nosotras vinimos por un trabajo para la facultad. Leímos la muerte de Artemio Cruz, y bueno, queremos conocerlo- dijo María Laura, que se encontraba con otra amiga, ambas estudiantes de letas.

La conferencia, que empezaba a las seis de la tarde, se retrasó media hora. Una vez acomodada la gente en los asientos, el mexicano hizo presencia.

“Me siento contento de estar de vuelta en Buenos Aires. La ciudad de mi juventud, de mis amores y de mi vida”, expresó el escritor quien vivió un tiempo en Argentina cuando era adolescente, hijo de diplomático.

El eje central de la charla, que duró media hora, fue la novela y la relación que esta tiene con la historia. Brevemente hizo un recuento por la obra de algunos escritores mexicanos como Juan Rulfo –con la Revolución mexicana de contexto- y de varios latinoamericanos, entre ellos Machado de Assis , Carpentier y García Márquez, para desembarcar en un homenaje a distintos novelistas argentinos que van desde José Hernández, Borges, hasta Tomás Eloy Martínez y Caparrós.

“Un gran desafío de la novela actual es el de dar los tiempos de la simultaneidad, dejar atrás la muy cómoda linealidad. Contestar a la pregunta por qué la escritura está condenada a la sucesión, y le es negada a la coexistencia de los tiempos. La novela moderna es una rebelión contra esta regla”.

También reflexionó sobre el papel que juega el periodismo en la literatura.

“Los escritores dependemos de los diarios. Yo mismo empecé a escribir como periodista. Pronto me di cuenta que si quieres hacer periodismo no trabajes para un diario, mejor sé dueño de un diario”, ironizó.

Cree que la función del periodismo es ser puente entre la noticia cotidiana y la noticia literaria: “el periodismo es la conversación de la literatura”.

“Lord Jones y Don Quijote son cada cual a su manera noticias. Cada cual en su momento son modernos; La Mancha existía antes de Cervantes pero nunca será la misma después de Cervantes”.

Los últimos minutos de la conferencia los dedicó a hablar sobre un tema que ya es una constante en sus discursos: la educación.

“La educación es base de conocimiento, que es base de la información. Hace falta un nuevo trato latinoamericano que aproveche nuestra riqueza mayor, que es nuestro capital humano y talentoso”.

Por último, repasó la situación social que vive Latinoamérica y llamó a repensar la comunidad democrática. Piensa que no hay democracia viable si la mitad de la población sobrevive en la miseria, y frente a la intolerancia pidió respetar las diversidades religiosas, étnicas; combatir el machismo y la xenofobia.

De esta forma, el autor de la Región más transparente y ganador del premio Cervantes en 1987 se despidió, no sin antes agradecer a  un público que, una vez finalizado el discurso, permaneció varios minutos de pie aplaudiéndolo, aun cuando el intelectual ya se había retirado.

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Lo escribí hace dos días, un texto totalmente rígido, cuadrado adecuado al formato que exigía la profesora de periodismo. Lejos están los sentimientos que despertó este hombre, en mí al menos. Fue el último aplauso que los argentinos le pudimos dar. Hoy nuevamente lo aplaudo de pie. Le agradezco sus palabras en la feria, sus libros, su compromiso con la sociedad, con la educación. De a poco se están yendo los grandes, uno por uno. Queda su obra, que trasciende más allá de su cuerpo. Tristeza total. Gracias totales maestro, que descanses siempre en paz.