Archive | October, 2012

El otro Maradona

14 Oct
Image
Siete contra siete en una cancha de fútbol en un club de Boedo. Los muchachos, que rondan los treinta, juegan con la misma intensidad con la que se desempeñan los futbolistas profesionales cada fin de semana, mientras él los mira sentado en una banqueta, apenas detrás de la línea blanca que delimita el campo de juego. Vestido con una camiseta roja, podría pasar por un suplente más a la espera de entrar unos minutos para meter ese gol al que todo delantero anhela. Pero no, eso quedó en el pasado. Ahora tiene bajo su responsabilidad el partido entero. Que se respete el tiempo de juego, que nadie se agarre a trompadas, y toda esa clase de cosas que les son encomendadas a un organizador de torneos como él.Él, el que creció con una pelota bajo los pies. Él, que creció sabiendo que jamás podría llegar a ser como su ídolo. Él, que se siente orgulloso del hermano que tiene. Él. El otro Maradona. El del medio. Raúl “Lalo”,  hijo de la Tota y Don Diego, observa el partido como si se tratase de un director técnico. Y cuando finalmente el árbitro pita el final, se acerca a la mesa donde me encuentro y entonces ahí, charlamos un rato, hasta el comienzo del próximo.Es que su sábado transcurre entre partido y partido, desde las tres de la tarde a las doce de la noche.
***
Raúl “Lalo” Maradona es el sexto de ocho hermanos, de los cuales cinco son mujeres. Nació el martes 29 de noviembre de 1966, justo dos años después de aquel superclásico que le terminó asegurando el campeonato a Boca Juniors.En ese entonces, ni su madre ni su padre se imaginaban que el futuro de sus hijos estaría ligado a la pelota; capaces de sacrificarse para que a ellos no les faltara de comer, la historia, es por demás, conocida: los chicos crecieron en Villa Fiorito, alejados de los lujos materiales, pero conscientes de esas pequeñas cosas que alimentan al corazón: el afecto de la familia, los amigos, el potrero.Y los años pasaron, entre canchitas improvisadas de tierra, de cemento o de cualquier material donde fuese posible patear, y el más grande de los hombrecitos empezó así a deslumbrar con su juego, a diferenciarse, y a construir el camino que quedaría registrado en la historia del fútbol mundial.Entonces él comenzó a seguirlo a todos lados, a acompañarlo a las primeras prácticas en Argentinos Juniors, porque verlo a su hermano jugar era lo más lindo que le podía pasar en su infancia, a foguearse del ambiente, al mismo tiempo que se desarrollaba también como futbolista y en la misma posición que su antecesor. Y tal vez fue desde ese momento que condenó a su carrera al sometimiento de las injustas pero lógicas comparaciones que terminarían por demeritar en gran parte, su desempeño dentro del campo de juego.Es imposible hablar con el Lalo Maradona futbolista sin que el nombre de su hermano mayor haga presencia. Y si bien las preguntas tratan de evadirlo, de darle un lugar que no sea una sombra más del otro, él lo trae a colación cada vez que puede. Simplemente no puede dejarlo afuera del relato. No quiere. Es su hermano, y es el mejor futbolista que ha dado la historia.

— Soy buen jugador, me considero un buen jugador, pero para llegar a lo de mi hermano, creo que no llegó nadie todavía.
— ¿Messi tampoco?

— Messi hoy es el mejor jugador del mundo. Pero son distintos, son distintas épocas, son distintos jugadores, Messi me parece que es lo mejor del mundo hoy, pero mi hermano tenía otras cosas que Messi no las tiene — me dice y sonríe.No es muy alto. No es gordo, pero tampoco es flaco. Tiene el pelo corto, negro, y una sonrisa constante. Habla de forma pausada, pero seguro de cada palabra que dice. Es respetuoso, amable y prudente. Sabe que la polémica no es lo suyo, para eso está el otro, el que sabe provocar, al que le gusta provocar.

Porque antes de jugador fue hincha, me explica que su corazón está dividido en dos: Boca y Argentinos Juniors. Empezó simpatizando por este último en el momento que su hermano empezó a jugar ahí, pero cuando fue transferido al club xeneize, de a poco su corazón se fue pintando de azul y amarillo. Después fue él quien corrió con la misma suerte, aunque su paso por el fútbol sería más fugaz.

***

Es julio de 1986. Son tiempos en que la palabra Maradona cotiza más alto que nunca. Hace un mes la selección argentina se consagró campeona del mundo, tras haber vencido en la final a Alemania. Diego fue la gran figura del equipo, uno de sus goles sería catalogado por la FIFA como el mejor gol del siglo XX, y el otro, hecho con la mano, lo llevaría a declarar una de sus frases que hoy se encuentra junto a tantas otras, en el clásico repertorio Maradoniano. “Fue la mano de Dios”, dijo, refiriéndose a este. Ambos goles fueron convertidos a Inglaterra en el partido de cuartos de final, teniendo como soundtrack el épico relato de Victor Hugo Moráles. El dolor producido por la guerra de Malvinas parecía ahora aliviar un poco con esto y él se convirtió en una especie de prócer nacional. Al menos por un tiempo.

En este contexto debutará el otro, el del medio. Es 20 de julio de 1986 —aunque años más tarde cuando lo entreviste no recordará con exactitud esta fecha— y la Bombonera se llena de gente para alentar al equipo que se enfrenta a Estudiantes de La Plata. El director técnico de Boca es Mario Zanabria, y Lalo, quien juega de enganche, está en el banco de suplentes.

Empieza el partido, corren los primeros cinco minutos, y el cinco, el “Colorado” Sisca se lesiona.

“Lalo, calentá que vas a entrar”, dice el técnico y a Raúl se le para el corazón. No esperaba debutar ese día. Nervioso se mueve un rato afuera de la cancha, y finalmente entra para que la hinchada se venga abajo en el mítico canto “Marado, Marado”, el mismo que le cantaban en el 81 a su hermano.

Y a medida que pasan los minutos y toca la pelota, los nervios desaparecen. Poco importará que el partido termine cero a cero, y que esté jugando en una posición que no es la suya. Este día quedará guardado en su memoria para siempre y cuando le toque hablarme de él, sus ojos brillarán con la pureza del niño que alguna vez fue.

****

— De Boca me fui muy rápido, jugué cuatro o cinco partidos, jugué la Copa Libertadores contra River y me ofrecieron irme al Granada de España, en la segunda división, y me fui. Estuve tres años ahí, después vine acá, jugué el Nacional B con Defensa y Justicia, La Ferrere, y después estuve jugando en Venezuela, en Estados Unidos, después en Canadá y en Perú.

En cinco líneas me resume su carrera futbolística. Es verdad. Vistió la camiseta de Boca en tres partidos oficiales: vs Estudiantes, vs Deportivo Italiano —reemplazando a Hoyos— y jugó los 15 minutos finales contra River en la Copa Libertadores, además de dos amistosos.

Nunca tuvo representante. Se dejó asesorar por su hermano, y por los que tuvo este, como Marcos Franchi y Guillermo Coppola. Rápidamente le llegó una oferta de la segunda división del fútbol español para que jugara en el Granada y armó las valijas y se fue.

Fue en ese equipo que tuvo la oportunidad de jugar junto a su hermano mayor, Diego, y el menor, Hugo. No me lo dice, pero probablemente ese haya sido el mayor regalo que el fútbol le dio. Recuerda y sonríe como en ningún otro momento lo hizo. Cuenta que fue muy emocionante. Jugaron contra el campeón de la UEFA de aquel entonces, el Malmoe de Suecia. Tanto él como Diego hicieron un gol, y ganaron sobre la hora 3-2. Y para no dejarlo afuera, explica que Hugo fue el mejor futbolista dentro de la cancha. El estadio estaba más lleno que nunca, repleto de hinchas eufóricos al poder ver a los tres Maradona juntos. Una experiencia única que lamenta no haber podido repetir.

Canadá marcó su vida. Jugando para el  Toronto Italia, obtuvo la residencia y la posterior nacionalidad canadiense. De aquel tiempo recuerda haber perfeccionado su italiano y haber trabajado también en una fábrica, cuyo dueño era también dueño del club. Su paso por aquel país devino en que su hijo de ahora 23 años decidiera quedarse allá, donde siguió con la tradición familiar de jugar al fútbol, y quien años después contrajo matrimonio.

Finalmente se retiró del fútbol en 1998, a los 32 años. Había firmado un contrato de un año con el Municipal de Perú, pero solo se quedó seis meses porque al equipo no le iba bien y entonces le dejaron de pagar al plantel. Y a partir de ahí, cerró las puertas al fútbol profesional, mas no a este deporte en su esencia más pura.

Ese éxodo que emprendió por las distintas partes del mundo le sirvió para entender que el fútbol en Europa es más profesional que en cualquier lado, pero que no hay fútbol en el mundo tan pasional y caliente como el argentino. Y por eso lo disfruta más

Y a partir de ahí se dedicó a todo tipo de cosas.En el 2005, por ejemplo, participó del Gran Hermano VIP, donde resultó expulsado con el 43% de los votos, después de otros cuatro participantes. Haberse ido fue un alivio para él, ya extrañaba demasiado a su familia, sus amigos, su país.

¿Cómo llegó a Gran Hermano? Diego había sido internado en España por su adicción a las drogas y a él le habían pagado el viaje para que fuera a hablar al respecto a un canal de allá. Quien lo contactó, lo invitó posteriormente a participar del Reality. Todo fue muy rápido, no hubo tiempo de analizar las cosas. Se pagaba bien, iba a ser una experiencia distinta, entonces por qué no.

A su regreso incursionó como director técnico del equipo marplatense Alvarado, donde descubrió su vocación: los jóvenes. Entonces los años que siguieron los dedicó a viajar por el interior del país para dar clínicas de fútbol y oficiar como captador de talentos. Se jacta de haber traído a Independiente — donde también fue técnico de infantiles— a diez chicos.

Y finalmente la charla desemboca en donde nos encontramos en este momento. En su actualidad como organizador de torneos en clubes. Acá y en el complejo de Matías Almeyda, actual director técnico de River Plate. Le gusta organizar, aunque a veces le cansa hacerlo, porque quienes participan de este protestan mucho, se pelean, manchan la pelota. Y la idea, dice, es divertirse.

Pasarla bien, de eso piensa, que se trata de la vida. Y por eso rescata las buenas experiencias aun en los momentos oscuros. Por eso se ríe de las eternas comparaciones y de sus propias debilidades, y por eso se divierte cuando le toca grabar publicidades — “La revancha de Lalo”, Gran DT, 2012— que buscan ridiculizarlo. Humanizarlo.

***

— Si yo te pregunto qué significa el fútbol hoy, ¿qué me decís?

—  Para mí todo, tengo 45 años y me sigue gustando, quiero seguir jugando, juego con amigos, me invitan de Boca, hoy tenía partido con los veteranos de Boca y no fui, porque bueno, tengo que trabajar acá y acá es lo mío, hoy por hoy es lo que me da de comer, entonces hay que estar presente, la gente quiere que estés, pero el fútbol para mí es todo. Esto es fútbol, ir a buscar a chicos al interior es fútbol y bueno, siempre voy a estar ligado al fútbol.

No sólo le da de comer a él, sino a la familia que ha formado. Remarca que hace 25 años está casado con la misma mujer, y además del hijo en Canadá, tiene otros dos. Uno de 20, que trabaja en el mismo club donde estamos hablando, y uno de 15, que no quiere saber nada de fútbol, porque requiere de mucho sacrificio, y prefiere salir los sábados con los amigos.

— Hay que entrenar todos los días, cuidarse, acostarse temprano, comer bien, toda una conducta de vida que bueno, hay muchos que lo aceptan y muchos que no.

Sabe que el fútbol a veces puede ser ingrato. Que de mil chicos, llegan diez a Primera. Y que por eso hay que estudiar. Quiere seguir dirigiendo a jóvenes para no solo enseñarles el deporte, sino para inculcarles el hábito del estudio. Porque nunca se sabe si se va a llegar lejos, y el día de mañana este les dará de comer si es que el fútbol no lo hace, o si es que llegan, tendrán las herramientas necesarias para poder expresarse en frente de una cámara al momento que les hagan reportajes. De caso contrario serán prisioneros de sus propias palabras y eso les puede jugar muy en contra, como le pudo haber jugado a ese alquien que él, vos, y todos sabemos quién es.

— ¿Qué revancha creés que te debe la vida?

La revancha es poder haber jugado más tiempo en Boca, poder haber jugado con mis dos hermanos juntos en un equipo, ese es un sueño que nunca se cumplió. En España jugamos los tres un partido, pero fue sólo uno. Los tres queríamos jugar una temporada juntos. Es un sueño pendiente.

Pero son más las cosas que tiene para agradecer a la vida que las revanchas por jugar. Agradece al hermano que tiene, agradece su apellido —aun con todos los efectos contraproducentes que le trajo— agradece los padres que le tocaron, me agradece a mi.

Y yo me pregunto por qué. No hice más que preguntar sobre su vida. Le hago una última pregunta: si además de la foto de él solo para el perfil, me puedo sacar yo una con él. Vuelve a sonreir, me abraza y mira a la cámara. Nos despedimos.

Entonces se levanta y se va a la barra del bar a comer un sandwich para matar el hambre. Es que la jornada es larga, y el segundo partido recién empieza.

Sinfonía episódica

9 Oct

Un escenario justo para el hombre que aúlla solo en este miércoles por la madrugada.

Afuera las calles están vacías, las luces apagadas. La gente en el barrio duerme, todos menos vos. Una luna hostil que apenas alumbra la noche se refleja en una de tus ventanas empañadas, y te preguntás por qué.

Qué fue lo que pasó, si diez años pasan volando. Si dulce, tan dulce, prometió amarte para siempre. Si después de tanto tiempo ella estaba de nuevo acá y aceptaba ir a tu casa a cenar algo. Qué fue lo que pasó que esta vez la unión de tu cuerpo con el suyo no le fue suficiente. Por qué sus piernas no lograron entrelazarse como antaño, entre sábanas y suspiros y algo de amor, si vos sos el mismo que ayer.

Apenas una llama encendida y una velada romántica frustrada. De fondo, los once episodios sinfónicos del maestro. Vos llorás, te arrancás la ropa con tal salvajismo que podrías cagarla en las patas, si no fuera por el hecho de que hace tiempo abandonó tu casa, sin siquiera haberte dado la oportunidad de tener la cortesía de pedirle un taxi.

-Dejá, camino
Dijo y se fue.

Cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor, canta Cerati con esa orquesta que sintoniza tus gritos desaforados al mismo tiempo que yacés en el piso, inmóvil.. Lo raro es que no aparezca ningún vecino a insultarte por no dejarlo dormir. Será que tu aullido no sale por la garganta, y ese hilo de voz apenas sí se escucha.

Tu cuerpo esperaba todo y ella no colaboró.

Gemir es mejor. Pero vos no gemís, llorás como la nena que siempre soñaron con tener tus padres y no pudieron, llorás a lágrima tendida por un desamor hace tiempo anunciado.

Estupido fuiste en pensar que podías conquistarla después de tantos años de no verse. La muy forra te ilusionó para después achicarse. Son todas iguales, pensás. Y eso que te esmeraste eh, pasaste horas cocinando, y hasta compraste las velas afrodisiacas de esa revista que te es prohibida leer por contar con un pene. Son cosas de minas, se burlaron ayer los del laburo cuando les hablaste de los preparativos de hoy. Tenían razón;  al pedo capo, perdiste.

Tu obsesión está llegando a un límite y si no terminás de una vez con todo esto, van a terminar con vos. Sin angustia, sin remordimiento alguno, tu misteriosa forma la lastimará definitivamente  si es que ya no lo hizo. Que se calle, que se calle de una vez. Vas camino a la locura-si es que no llegaste- y él va a seguir cantando, de fondo. Aunque ahora duerma y vos no quieras taparte los oídos. Al contrario, subís el volumen a los once himnos de tu vida.

Profanador, desafiante del tiempo. Apuraste las cosas macho.

Es ese deseo en cadenas que te impulsó a la animalidad reprimida durante tanto tiempo. Difícil de contener, una vorágine imposible de describir se desató en esas cuatro paredes que los tuvo prisioneros por un rato.

Distante placer, una mirada frente a otra, esfumándose. Cuando no hay más que decirnos… dos viejos amantes devenidos en extraños que ante la falta de palabras, rasguñan los cuerpos. Una pasión violenta incapaz de excitar a nadie. A vos sí, debería darte vergüenza. Te le tiraste encima, de lleno y sin preámbulos.

– Me lastimás

La lluvia cae con tanta intensidad que anula cualquier sonido de socorro.

Te lo había advertido.No te importó, tu mente estaba en otro lado, al igual que ahora. En recuerdos pasados de juventudes fervientes, excesos y descontrol. Épocas donde ella te sabía aguantar. Donde se iban derecho a la cama después del recital de Soda. Y Cerati..escuchá que profundo es. Seguiste ejerciendo presión sobre su cuerpo sin que te importara el dolor que producías.

Y la vela se consume al mismo tiempo que permanecés paralizado en el piso sin saber qué hacer. Abrió la puerta y se fue, la muy puta.

Pensás que esto no va a quedar así. Si aceptó ir a tu casa es porque en el fondo ella también quería, histérica, loca. Solo una mujer-indigna del género- como ella, podría fijarse en alguien como vos. Hace tiempo que conoce tu perversión en noches largas como esta y es la primera vez que ofrece resistencia, bipolar.

Cerrás los ojos para completar la oscuridad de la vela que se apaga. Y en voz alta, como si ella te escuchara desde donde quiera que esté, decís: Sé que te excita pensar hasta dónde llegaré. Y quedate tranquila, que vas a estallar en éxtasis, mi amor. Lo buscaste. Ahora bancátela.

Entonces te levantás por fin del piso y vas semidesnudo a la cocina. ¿Dónde lo dejaste? Siempre lo tuviste a mano para cuando las cosas se complicaran. Tenés cara de psícopata, me encanta, te había dicho la primera vez que se conocieron.

Dice el maestro que  el diablo frecuenta soledades, desde que partió su verbo vive en tu carne. Pero en poco tiempo las cosas cambiarán. No te preocupes, mi amor; terminar con ese rito que te tenía a vos como única diosa. Desagradecida, gritás.

Abrís la puerta. Te dirigís a su casa dispuesto a acariciarla con el cuchillo afilado. Silenciarás los alaridos que te convierten en monstruo y le darás el eterno beso de las buenas noches. No lo dudás, cuestión de minutos y listo.

Total, para cuando te busquen, ya estarás a un millón de años luz de casa, riéndote en una esquina oscura, con las uñas sucias y los pies descalzos.