Noches

2 Jan

La tensión entre dos cuerpos que se buscan más allá de cualquier razonamiento frío mientras la sangre hierve sola bien adentro, incomoda en demasía a la semiverdad políticamente correcta de hipócrita pulcritud. Un silencio que hay que romper antes de volar botones y devorarse en unas pocas mordidas, canibalismo humano digno de psicoanálisis de cuarta. Torpeza. Golpes inexpertos de animales resignados a cualquier tipo de domesticación. Civilización y barbarie cuando se dejan llevar por las reacciones físicas de adolescentes eternos. Un todo terreno que no necesita más que ésta para explotar en el éxtasis semental. Y así pasa el tiempo en delirio y delirio, en sexos mojados por lagunas pasionales, donde subyace un miedo paranoico parecido al de la soledad finalmente acompañada. Eso sí: la fugacidad de la unión corpórea desaparece con el desencanto paulatino. Después queda el silencio y las ganas de dormir. Y así, permanece cerrado hasta nuevo aviso, que viene a ser un nuevo x que se entrega al sin sentido que vive dentro de esta máquina que llamamos cuerpo y que se encuentra ahora en frente del tuyo, con los ojos que se miran fijo, esperando la orden — una desviación en la mirada— para poder actuar. Y ahí sí resguardate, porque tiembla todo y no hay quien te ayude a apagar el fuego que se gesta de a poco, se expande, contrae y explota silencioso, rompiendo sin penas ni olvido la armonía que todavía hay en nosotros dos.

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