Paralelismo cero

11 Feb

Una noche, de esas en las que apenas sopla el viento —¿sopla?— y los mosquitos están como locos sedientos de sangre, una noche de esas en las que el silencio aturde los oídos de quien intenta dormir, una noche de esas en que las sábanas terminan en el piso por los movimientos que buscan combatir el calor, en una noche de esas en que los autos pasan de largo el semáforo en rojo porque es tarde y hay que volver a casa antes de que se largue a llover, en una noche de esas, apareciste en mi mente sin siquiera tocar la puerta o pedir permiso. Pero bueno. Recuerdos. Imágenes plasmadas en blanco y negro , otras pocas en HD. Recuerdos de recuerdos y nuestras mentes que inventan historias para los vacíos inexplicables.

 

Después de todo, son ellos los que nos conectan en nuestra vasta imaginación.

 

Lo real es lo que no existe y quisiéramos palpar. Estás ahí, tan cerca y transparente  en la decadencia humana, tan lejos en tu actual perfección. Resignarse. Costumbre de aquellos que perdemos por goleada. Por qué. Nacemos para ser el tercero en discordia de un quinto o un séptimo elevado a la milésima potencia. Y sin embargo, damos el paso al costado, y nos sentamos en la banquina a mirar el cielo sin nubes, siempre el mismo cielo, el que escucha y entiende sin que pronunciemos una palabra. Una pausa tranquilizante y nos encaminamos de nuevo a la misma piedra que espera firme una nueva caída: un paso adelante, dos atrás, veinte al costado y uno a la derecha. Pasos. Un camino sobre huellas que es mejor esquivar.

 

 

Y los olores. El pasto recién cortado, la lluvia que se evapora al tocar el asfalto caliente, el bosque que arde en llamas propagadas, el café con tostadas de la mañana, el asado del mediodía, y tu ausencia gradual.

 

Entonces decime por qué. Por qué llegás como si nada y penentrás con tanta furia la conciencia desconocida, el presente que no te extraña, si total a los pocos minutos volvés a tu vida, esa que no me pertenece ni en un cero coma cinco por ciento, la que existe y no es real.

 

Esto es así. Puede que te empuje al abismo del olvido perpetuo en menos de un segundo, y desaparezcas para siempre. Y ahí puede que en medio de un pensamiento insignificante tuyo, la bermuda de Boca, o el pantalón de jean, seas vos el que esta vez se vea invadido por las fotos mentales de mundos yuxtapuestos. Tal vez abras los ojos, y esperes a que nuestras paralelas se crucen en el infinito. Me parece bien. Paciencia sobra, lo que no tenemos es tiempo.

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