Archive | March, 2013

Nostalgia de no ser

28 Mar

Y de a poco te desvaneciste en el aire del olvido, liviano te dejaste volar hacia un dos por cuatro engominado y gris.
Así, desaparecieron los efectos nocivos de tu dosis constante, ante la ausencia de un todo, el punto final.
Ni la sonrisa es la huella que persigue la memoria ni la huella es el deseo de dejarnos morir. Perdimos las Pisadas para poder encontrarnos en nuestra soledad
y ahora caímos en la indiferencia nunca esperada de convertirnos en piedra, de hacer de abrazos jaulas asfixiantes.
Y la palabra amor, con la que tanto nos abanderábamos, se despersonifica al ritmo vertiginoso de la cadencia humana. Hoy si, mañana no. Pasado, tal vez
O nunca. Para siempre, se terminó.
Quién sos, para quién dónde cuándo
ya me olvidé.

Indago. Busco en el recuerdo tu tacto. Busco en el recuerdo del recuerdo aquel tacto cálido, hoy lejano y frío.

No encuentro nada, quién diría
ya se extinguió.

Noche.

5 Mar

En algún lugar recóndito de la ciudad dormida, una mujer suspira en una cama demasiado grande. Son las cuatro de la mañana y tiene los ojos abiertos. Afuera, a pocas cuadras del lugar en cuestión, un vagabundo se rasca la barba que lo asemeja a Dios, y recita un poema de un escritor olvidado. Si alguien pasara por ahí, no dudaría en pensar que el hombre está loco, pero claro, son las cuatro de lamañana, y no hay nadie que camine al lado suyo, ignorándolo como se estila hacer con estos personajes, que anteceden a Cristo, y a los dinosaurios seguramente también. 

La mujer se llama Carla e imagina historias con el amor que no le corresponde. Sabe que sólo de esa forma pueden existir. Se consuela en pensar que el universo tiene el color del café con leche, y entonces puede ver la luz. Afuera, el cielo sigue negro, como el invierno pasado, y el antepasado y el de mañana y pasado mañana, y así, uf, cuántos círculos.

El vagabundo continúa, verso tras verso, en ese estado de orador público, donde las palabras van siempre acompañadas de los gestos más exuberantes. Habla para no volverse loco, para no reventar por culpa del silencio, el frío, la oscuridad y las ratas deambulantes. ¿Qué pasó con la canción de cuna, con su madre y Miguel, su oso de peluche preferido? ¿Dónde quedó el olor a pan recién horneado, a mañana del domingo? ¿en un cajón lleno de polvo con olor a naftalina?, ¿en la línea del tiempo, en la vaguedad de la memoria? Hace sesenta años era persona, y ahora piensa en el brillo de la mirada del pequeño que nunca fue, en el poeta frustrado seductor de tantas mujeres, dueño de ningún corazón. Hasta que se queda dormido. Solo, debajo de un puente.

Hay algo en la noche. Algo perturbador en las noches de las almas que agonizan sin que se den cuenta. Y más en los lugares recónditos, donde las soledades se refugian en sus paredes herméticas en vez de salir a consolarse unas con otras. 

Ser bohemio en tiempos capitalistas no es nada fácil. Hippie tampoco. Pero mucho más difícil es ser viejo y poeta y frustrado, y dormir en la calle e intentar recordar versos ajenos porque nunca tuvo tiempo de crear los propios. Es que era mejor dejarlos vivir en alguien más. En un ser desconocido, un amigo momentáneo, fugaz. La noche. Los días de la noche, y la noche de las horas. Oscuridad. El poeta ronca y babea el suelo sin preocupación alguna. En unas horas va a asomar el sol y él se va a sentar con su libreta a atrapar las palabras que vuelan por el aire. El ejercicio dura unos minutos, hasta que algún transeúnte lo registra y le da unas monedas a cambio de su arte. Tal vez pase alguna muchacha, que le recuerde el adolescente que sí pudo ser; lleno de excesos, como manda el oficio. Tal vez la muchacha le devuelva el brillo a los ojos del niño que nunca fue, y a cambio sea él quien le regale el papel escrito. No importa el destinatario. Captura las palabras del aire y al poco tiempo las vuelve a soltar. No vaya a ser cosa que las ancle y esclavice, que les saque el derecho a volar con su compañero el viento.

Y llega la mañana.
Las calles se despiertan, se llenan de personas, hormigas del universo caféconlecheístico. Aman, discuten, trabajan, comen, toman mate, se higienizan, se distraen en un parque, se drogan, cantan, transitan. Se despersonifican, marchan adelante. y ellos vuelven a ser dos más en el mundo que los mira indiferente. Son un vagabundo más en un lugar recóndito, que es cualquier lado, a la vuelta de tu esquina, y una mujer con el corazón roto, de las millones que existen, existieron y van a nacer. 

Es lo que hay. Pero también hay algo en el aire que atraviesa sus sentidos y los obliga a levantarse para empezar un día más, dispuestos a revertir su suerte. El poeta piensa y las palabras son lo único que tengo, permítanme ser su padre, que las voy a cuidar.

Volvamos al ego en busca de la felicidad propia. Perpetuémonos en la gloria del haberlo intentado.

Carla piensa y yo te digo que estamos conectados por un hilo transparente que atrae nuestros cuerpos, imanes en campos sesgados por lo que llámese civilización.
Super Yo. Antihéroe. Seamos estrellas en un cielo infinito, el punto plateado, brújula de navegantes de la vida. Seamos tripulantes del barco. Seamos todo y nada. y todo de vuelta.

Y entonces cae la noche fría al precipicio de la locura. Poco importa que naveguemos en calles desiertas si al final del camino nos espera un abrazo, la cama, y una taza de té.