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INSOMNIO

10 Dec
Puedo hacer un mundo de tus ojos cuando lloran a lágrima tendida. Porque la transparencia es una, y es esa que se presenta muy de vez en cuando en momentos de incertidumbre, de infinita verdad. No importa donde estés, tengo tu imagen plantada en la memoria al punto exacto de no saber quién sos: si la construcción de un recuerdo, el recuerdo mismo, o el calco perfecto del presente, tan lejano a la última vez que te vi.

Qué sentido tiene todo esto, si el camino que recorremos no se desvía de mi mente, si te creo así o asá, con saco y corbata o desnudo. Es que no te das cuenta, pero es culpa de tus ojos que penetran el alma y crean la necesidad de pensarte a toda hora.La soledad. Esa amiga que te escucha en donde hay más ruido, busca tus latidos y encuentra tu sangre. Una caricia friolenta de tardía madurez. La cura: el olor a un libro viejo con hojas amarillas que se mezcla con el de un té negro y sorbos lentos que lo incorporan.Quisiera decirte tantas cosas que no puedo decirte nada. Entonces escribo, acto depurativo que sólo y solo cobra sentido cuando yo lo leo. Entonces no intentes descifrar nada, sería en vano, entonces. 1. adv. t. En tal tiempo u ocasión; entonces; 2. conj. ilat. En tal caso, siendo así. Entonces. Basura pura.

Pero hay algo que es cierto.

La madrugada fue hecha para los desolados como vos y yo, que no tenemos con quien cruzar las piernas entre sábanas laberínticas y por eso nos consolamos con dormir atravesados de una punta de la cama a la otra, porque no hay respiración ajena que emane calor . Qué ironía, somos dos soledades que ya no pueden complementarse, si es que alguna vez pudieron. SMD. Síndrome de melancolía dominguera.  Suficiente razón para no pegar un ojo en toda la noche, que cambia los colores del cielo a medida que las horas avanzan indiferentes.

Y en la cabeza suenan viejos temas de Motley Crue, vaya una a saber por qué. Girl, don’t go away mad, girl just go away. Pero por qué no te vas vos a otro lado, y te llevás de paso toda esa cursilería disfrazada de glam rock, que lo único que consigue es que hombres con aspecto afeminado estén con las mujeres más desmpampanates.1. adj. Pasmoso, llamativo, que deja atónito por su buena presencia u otras cualidades; aunque, la mayoría de las veces, con ausencia de cererbro. Mirála a Pamela Anderson si no. Arjonas rockerizados y con más tatuajes.

Quisiera leer tus ojos, exprimir lo que delatan, transmitir con una mirada lo que no puedo decirte por acá, porque parece ser que estoy condenada de por vida a caer en el lugar común, en las rimas cacofónicas de salita de cinco, y no me vengas con escritura automática, porque esa está reservada a los buenos poetas europeos que se pudrieron en sus tumbas y que ahora son aire.

Pero qué más puedo hacer si estás lejos, son las cuatro de la mañana, la noche pasa lenta, y es más útil irse a dormir, pero el sueño no viene a buscarme. Será que no le gusto, entonces, escribo, entonces, hasta perderme en la hilaridad sigilosa que desemboca en las múltiples imágenes que se superponen de forma caprichosa— osa, esplendorosa, horrorosa, rimadepoemadeprimergradoosa—, hasta que entonces lo llaman a la resignación, y recién ahí me cierra, lento, muy lento, los ojos que alguna vez, en su humildad castaña, intentaron robarte un suspiro en una noche parecida a esta, pero en otro lado del mundo, más cálido y sin mosquitos que desentonaran el canto del silencio que habitaba entre nosotros dos. No era necesario hablar, lo teníamos todo y reíamos mucho.

Borró una lágrima de pena aquel cantar

24 Jul
Tiene la mirada perdida, como quien ya no sabe por qué más vivir. Ausente, se encuentra sentado en un sillón sin parpadear, a la espera de que alguien se apiade de su irreversible condición. Los años no vienen solos nena, me dice. Y yo no sé qué responder.

Lo miro e intento descifrar en qué piensa, si está cansado o está aburrido. ¿Estará esperando esa caricia de la eterna innombrable que tarde o temprano te encuentra, a veces hasta en el momento menos previsto? Pareciera ser que lo tiene asumido hace tiempo. Ser viejo no es cosa fácil.

En busca de anular el pensamiento que seguramente lo angustia existencialmente- o tal vez no, no lo sé- le pregunto si quiere ver un poco de televisión. Ingenua yo en pensar que puede hacerse amigo de tal artefacto tecnológico. Dice estar enfermo, no doy fe. El médico tarda en llegar y me impaciento por no poder manejar la situación que en este momento me ocupa.

Su seriedad pone pausa a la comedia de la vida e inhibe de una forma que agobia hasta al más joven.En el hasta ahora fallido intento de cambiar su cara petrificada por una más vital, recuerdo una vieja anécdota que disfruta mucho presumir: cuando era bebé Carlitos lo tuvo en brazos. Y es ahí cuando se me ocurre algo que lo puede llegar a seducir.

Le acerco la computadora a su cuerpo para reproducirle los más clásicos y nostálgicos tangos. Me dice que gracias a estos todavía conserva el habla. Canta para no perderla, solitariamente solo en su habitual vivir.Tararea un Cambalache más vigente que nunca y pide por más.

Entonces lo pongo a él, ícono de la época, salvaje seductor de múltipes mujeres. Primero un Adios Muchachos- ¿premonición de despedida? -, después un Mi Buenos Aires querido, que de querido solo queda el pasado nostálgico, porque hoy, hoy no nena, la inseguridad está terrible y ya ni se apiadan de un viejo como yo.

Me pide por favor que suba el volumen, su sordera no le permite disfrutar. Hago lo propio y de a poco  veo cómo revitaliza los sentidos, las manos, su mente. Un agridulce sabor a recuerdo perfora sus oídos y le penetra la boca. Hace una mueca de picardía.

¿Qué macanas se habrá mandado con uno de esos temas de fondo?,  ¿a quién se le habrá declarado con la crudeza de las letras de amor de esa canción emblemática? ¿A quién habrá querido impresionar con sus erróneos saberes de 2 x 4?, ¿A cuántas mujeres habrá sacado a bailar? Porque bailes eran los de antes, así se conquistaba a una verdadera mujer, si no preguntale a tu abuela cómo nos conocimos. No como ahora nena, que bailan un punchi punchi, los pibes por acá, las pibas por allá, y tirate un paso. Uff,  qué indignación.

Y por eso sonríe. Sonríe en la presencia de Gardel quien lo encuentra con su lejana infancia, junto a sus padres, amigos,  su novia que no era mi abuela, y los miles de inmigrantes que vinieron a probar suerte y sentaron patria con tanto sacrificio.

De repente su voz se quiebra en la lágrima del canto, y me dice algo que no consigo entender. Su llanto emocionado no lo deja hablar con claridad. Tampoco los años que lleva encima. Se toca el pecho. Acá se muere, pienso y me equivoco. Porque se inyecta de la invisible juventud. Porque consigue acordarse quién fue alguna vez. Porque desentierra un pasado que tenía guardado en algún lugar lejano, lleno de polvo. Una promesa, un suspirar, yo qué sé.

Entonces las arrugas desaparecen. Aunque sea por un breve momento en el que vuelve a ser feliz. 

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18 Jul
El inaudito dolor que le recuerda su altibaja condición de ser mujer no parece tener fin.Golpea su cuerpo y la debilita de a poco, claro mecanismo de atroz depuración.Alaridos silenciados por una civilización que la obliga a seguir, naturaliza la naturaleza y le devuelve al cuerpo su animalidad olvidada.

Desafiante sobrehumanización de la vida acelerada, es condenada desde la procreación al martirio del género , sintiéndose empujada a salir triunfante de este dolor. 
Un día cada veintiocho es suficiente para recordarse que la pureza existe.O al menos eso se empeña en creer.

Mientras tanto se retuerce en las sábanas y respira profundo.  Un suplicio vestido de rojo, fertilidad histérica que algún día tendrá fin. Cuanto antes sea, mejor.

Pena máxima

25 Jun

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Él llegó hace unos años, creyendo que su inspiración iba a fluir si se sentaba a escribir en un café parisino. Lejos estaba de ser un próximo Baudelaire, o un Isidore Ducasse, pero todavía no lo sabía. La vida quiso encontrarlo este día tan lejos de su patria y de la alegría de su gente.

Quiere salir a caminar por la calle, ahora que los penales han terminado. Festejar como se debe, él, uruguayo afrancesado por su mujer que nada entiende de fulbo. Caminar lento y ser visto por todos, él, futuro campeón. Derrochar gloria, sentirse triunfador en un lugar que parece no notar la historia en este día. Abre la puerta y sale a disfrutar.

A pocas cuadras se encuentra el otro; maradoniano frustrado, despotrica contra Messi, el pibe que no se pudo poner el equipo al hombro. Se sienta en el pasto de una plaza a desacelerar el corazón roto a pedazos, acompañado de él, su silencioso testigo de la inconsolable angustia. Ay Carlitos, cómo la cagaste.

De repente él lo ve sentado en el parque, solitariamente vestido con la celeste y blanca, y duda en acercarse temeroso de ser insultado de la peor forma. No. En el fondo busca esa rivalidad que le infla el pecho, ahora que por fin le ha tocado degustar el tan parido triunfo.

Entonces se acerca y sonríe. “Bien jugado”, provoca. Sus ojos se encuentran y el otro nota un toque de tristeza en la mirada todavía charrúa del acompañante. Es que no hubo con quien compartir el abrazo en cada gol.
Y el otro, solitariamente vestido con su camiseta celeste y blanca, apenas puede hablar. El nudo en la garganta todavía no disipa. No hay nada que decir. Da un sorbo lento y añora el silencio colectivo producto del respeto y la desolación. No el de la indiferencia afrancesada, lejos de la realidad. De su realidad. Da otro y se transporta al sillón de su casa, con su viejo golpeando la mesa al no poder creer cómo dejaron pasar nuevamente la oportunidad.
Pero él no está. Tampoco ella, ni el resto de los suyos que le recordaran cada gol que pudo ser y no fue, pero que estaban ahí, juntamente abanderados de una misma pasión.
Entonces vuelve a mirarlo y decide compartirle su compañero, que seguramente en algún punto también es suyo. Podía hacer cualquier cosa menos negarle el mate a aquel paisano sureño sediento de una identidad que de a poco iba mutando.
Sin reparar el obsoleto detalle de que el hombre viste la camiseta que hoy lo hizo llorar como hacía mucho tiempo no hacía, le pasa lentamente el porongo.
Y así sus manos convergen en ese mate amargo que endulza de a poco sus sentidos, los encuentra a cada uno con los suyos en sus lejanías, el olor a pizza, las risas, el llanto y el desgano. Realidades paralelas, lejanas. Suyas.

Y en la convergencia matera identitaria redescubren su ser. Se abrazan e intercambian las camisetas, esas que no resultaron ser tan distintas como alguna vez pensaron que lo eran. Y  sin explicación alguna, lanzan una carcajada que parece no tener fin.

Un toque de melancolía

15 May

“…Habían decidido ir en contra de la marea y estamparse la cabeza en la pared con tal de mantener intacto eso que llamaban amor. Porque pese a todas las contraindicaciones que recibían del afuera, creían estar haciendo lo correcto; y por un tiempo así había sido.
Pasaron épocas en las que no había necesidad de buscarse para encontrarse porque ambos estaban ahí, uno a la par del otro, en una maximización de detalles que hacían del mundo algo perfecto. Pero como siempre dicen, lo que alguna vez fue, ya no lo es: ahora sus almas se buscan y no se encuentran. Se piden a gritos y al rato se despiden una y otra vez. Ir a destiempo pasó a ser su principal característica.
Y en la soledad contemplativa las palabras fluyen tratando de rearmar un rompecabezas infinito. Las relaciones terminan con la pureza del amor, piensa.
Yo, en cambio, me pregunto cuándo va a dejar de doler tu ausencia, al mismo tiempo que digiero un sorbo de ese mate tan amargo y me dispongo a escribir…”

un fragmento encontrado por ahí

Mate exiliado

21 Feb

PENSATIVO

En tiempos contraculturales, acogedor refugio

Viaje a tiempo y espacio lejano,

Reafirma su ser

Desconocido ante ojos nuevos un

despertar de la curiosidad ajena

Amargamente delicioso para uno

llama a la inspiración

Confesante callado

testigo eminente

Viaje místico a

raíces corroidas

Identidad solitaria encuentra cómo manifestarse.

Oda al pomelo

31 Oct

Porque al terminar de ingerirlo invade algo parecido a la angustia. Angustia canibalística de comerse a un verdadero compañero. Lo que deviene, lavarse las manos para cerrar el semi rito que tanto placer ocasionó y así seguir adelante con la cotidiana vida, no es del mayor agrado. Cerrar ciclos no supone ser una tarea agradable en un primer principio.
Porque fue destinado a hacerme compañía un rato en lo que yo, junto a él, tomé la decisión de revelar estas líneas que le honran su memoria. Todavía seguía vivo.
Desayuno en compañía de un pomelo rosado, ese que aparenta ser una fruta y sin embargo, es mucho más. Pelar el pomelo, sacarle lentamente la cáscara que se remueve con facilidad, sin ofrecer resistencia alguna se deja desvestir con el fin de vivir ya no por sí mismo, sino por quien elige incorporarlo a su ser. No temía quedar al descubierto.
Y en ese arrancarle su naranja capa, que lejos de singularizarlo, lo asemeja a otros compañeros tan distintos a él, uno piensa; no precisamente en la satisfacción de comerlo, sino en las reflexiones profundas de la vida que rondan la mente en ese silencio que habita entre él y yo. Habitaba.
Depositarla en un plato e inundar el ambiente con un particular olor tropical que evoca unas mañanas soleadas en algún lugar donde hace calor. Una mayúscula energía positiva se desplaza por el aire, capaz de pacificar las ansiosas luchas internas que a veces no dan respiro.
Finalmente cuando queda al desnudo, pelota gran redonda se parte a la mitad, deja salir su jugo, digno representante de su fértil edad. Era el momento justo de concretar el acto. Entonces el tiempo se vuelve atemporal.
Suavemente arrancarle los restos de su piel que no permiten que se muestre tal y como es, rosa sin esas tempranas canas que lo disfrazan de un blanco apagado. Y así gajo por gajo, uno por uno, fue devorado. Y fui feliz.

La pulpa dulce es injerida con el mismo placer con el que se deposita su parte amarga sobre el plato tumbístico conservante de sus restos.;hay quienes prefieren endulzarlo y hacer de la vida, un trámite más llevadero. Ciclotímico metamorfósico no termina por decidirse. Su misteriosa amargura dulce no cautiva a todo el mundo.
En cuanto a él, hasta el último momento supo compartir el silencio confesante de quien necesita tomarse un tiempo para recapacitar. Con él las cosas no se hacen a la ligera, para eso existen otros desechables. Despacio, muy despacio, fue desapareciendo en mi interior hasta quedar el mundo exterior sin rastros de su actual existencia. Volvió el tiempo y con él la rutina de la vida acelerada.
Quedó en medio de la mesa aquel plato con sus vestiduras. Un aroma esparcido, que en poco tiempo el viento borrará.
Agridulce sabor elocuente, reflejo de mi vida.