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BRACELI ENTREVISTADOR

9 Jun

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“Soy un extraordinario perdedor. Un fracasado nato.”, le dice a Woody Allen el hombre que consiguió lo que pocos pudieron en Argentina: entrevistar a Gabriel García Márquez durante dos horas, y ganarse su amistad.

Eterno perseverante, busca la entrevista por donde sea. La pide a gritos una y otra vez, aunque tenga que esperar cuatro años para finalmente tenerla.  Y la espera vale, porque lejos de sumarse a las cientos de periodistas, que a los ojos de algunos escritores siempre preguntan lo mismo, él se propone reflejar otra verdad; la otra cara de la moneda, esa que muchas veces queda tapada por los repetitivos discursos literarios que ahondan siempre en las mismas cuestiones.

Y es así como Rodolfo Braceli se propone descalzar a cada uno de los entrevistados que tiene en frente. Desnuda el alma y hasta hace literatura sin hablar de literatura. Se sumerge en una conversación donde entrevistador y entrevistado cambian de roles constantemente, y se sinceran en los aspectos más cotidianos de la vida, esos que de forma directa e indirecta intervienen hasta en las obras más consagradas de los autores, sin que el lector los percate.

 Nacido en 1940 en Mendoza, a sus 25 años ya había entrevistado a Jorge Luis Borges en un reportaje bastante extenso que le abrió la puerta a posteriores encuentros con el escritor, y que lo llevarían a publicar tres libros sobre él.

 Es que a las varias charlas-porque más que entrevistas el periodista genera climas donde lo que fluye es la conversación- que mantuvo con Borges entre 1976 y 1983, se sumó la entrevista a su hermana Norah en 1977, quien reveló no solo aspectos desconocidos sobre la infancia y vida del escritor, sino que dejó en evidencia la faceta artística y espiritual de esta pintora, muchas veces opacada por la imponente figura de su hermano.

 Rodolfo Braceli pregunta sin temor a quedar ridiculizado por las cuestiones que pone sobre la mesa.  Pregunta de todo, dándole la misma importancia a las respuestas de cómo cocina la madre de García Márquez, a por qué Borges no firma la petición de liberación de Antonio di Benedetto durante la última dictadura militar. Los vulnera, les enfría los pies y los vuelve a calentar con alguna que otra broma o alguna duda que despierte simpatía y que derrita cualquier hielo que pueda llegar a existir entre uno y el otro.

A Eduardo Belgrano Rawson le pregunta si alguna vez mató a alguien. Una pregunta que puede sonar totalmente descabellada cobra sentido con la respuesta de su interlocutor, quien como los otros entrevistados, a partir de un diálogo simple, reflexiona sobre las grandes cuestiones de la vida, como lo que puede llegar a representar la muerte en cada uno, o los olores que han marcado inolvidables vivencias.

Rodolfo Braceli juega y se divierte con las dinámicas que crea. Invita a participar a sus entrevistados en actings que los encuentra con distintas figuras históricas y los lleva a entablar distintas conversaciones con ellas y hasta invita a cuestionarlas: Jesús, Hitler, Fellini, tan solo algunos de estas.

Rodolfo Braceli escribe y reflexiona sobre el periodismo en su constante accionar. Muestra a la escritura en sus distintas facetas, y hasta se anima a llevarla a otros campos. Le brinda al lector la posibilidad de entenderla más allá de su plataforma; porque también se puede escribir con el cuerpo, con los gestos de la persona, con la pintura, y por eso sitúa a Fernando Peña en el mismo escalón que Norah Borges y su hermano. 

Y no solo se limita a cuestionar y conversar  sino que hace de las declaraciones de sus entrevistados poemas que concentran la profundidad alcanzada por su oido, que no deja pasar ninguna frase por más insignificante que suene. Y es en los pequeños detalles que engrandece a sus descalzados.

Rodolfo. Rodolfo Braceli. Extraordinario perdedor, fracasado nato, enano bastante alto; inconformista crónico y humilde trabajador de la palabra y la verdad, él también se saca los zapatos y nos presenta Escritores Descalzos, el libro que reúne nueve de lo numerosos encuentros que ha tenido con distintos escritores  a lo largo de su carrera. Y en en esta conjugación literaria-periodística, descalza también a la entrevista y muestra que esta también puede ser una forma de arte.